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Muchas veces he escuchado a diversas personas que dan a entender que Dios poco y nada tiene que ver con la educación y el estado laico, tema que por lo demás concuerdo, ya que hoy hay que entender la educación desde la pluralidad y no bajo límites ideológicos, políticos y religiosos. A la vez pareciera ser necesario poseer a Dios como un agente moral y paradigma socio – cultural. De este modo no comparto la limitante religiosa en la educación como una variable discriminadora, pero si acepto la propuesta educativa que ellos poseen.
Ahora bien, enfocándonos en el presente trabajo y si nos fijamos en la imagen de Dios como mediador, encontraremos muchas similitudes con este gran pedagogo que deja huellas existenciales en sus llamados.
Para desarrollar este esbozo lo primero que me propongo es analizar la propuesta divina desde el Antiguo Testamento, con los profetas y la continuidad que conlleva desde ellos el anuncio a María.
En primer lugar, ontológicamente Dios al ser omnipotente, un ser que preexiste, elige a algunos, los llama por su nombre, para llevar adelante su mandato. Es así como convoca a diversos seres humanos y los hace sus instrumentos para desarrollar su misión, siendo ellos los mediadores entre él y su pueblo, llamando a tantos profetas como quiso para designarles su misión. Tal es el caso de Moisés, Samuel, Josué y otros. Quisiera detenerme especialmente en el llamado de Samuel, porque tiene un alto contenido pedagógico (1 S. 3, 1 – 21). El Señor llamó a Samuel repetidas
No comparto la limitante religiosa en la educación como una variable discriminadora, pero si acepto la propuesta educativa que ellos poseen
veces y finalmente comprende que se le llama para una misión especial, quizás logra decodificar el mensaje divino, y por lo tanto, estos profetas (elegidos) son los enviados de dar a conocer el mensaje al Pueblo de Dios. Los discípulos, siguen la noticia que se les comunicó por medio del profeta, y éste debe batirse todos los días con los aciertos y desaciertos, ánimos y desánimos, tristezas y alegrías de su pueblo, de este modo, va aprehendiendo desde el existente y se nutre de estas experiencias vitales. Si lo comparamos con la experiencia docente, hoy se nos inculca ser la mediación del conocimiento con el estudiante, construyendo así aquello que es necesario que aprehenda para su vida cotidiana. Constantemente debemos hacer esta práctica docente desde el quehacer y cotidiano vivir del alumno, con sus penas y alegría y, de este modo revelar, el conocimiento, tal como los profetas lo hicieron con Dios.
El concepto revelación viene a ser clave, como el acto de dar a conocer, el acto de sacar de la ignorancia y llevar al conocimiento perfecto. Es de este modo que la revelación pasa a ser un aprendizaje significativo para el Pueblo de Israel y su constante peregrinar. Es significativo, en cuanto aproxima la vida misma al conocer, es significativo en cuanto asume el espacio de ser como suyo y lo aprehende.
En un segundo elemento del Dios Mediador, recurrimos al Nuevo Testamento, que centra su mirada de la religión judía en el nacimiento del Mesías, el acontecimiento más relevante de esta biblioteca judeo – cristiana, y que lo relatan los Evangelios, específicamente de Mateo y Lucas, que traducido del griego, significa, buena noticia, es decir la buena nueva. Esta buena no es nada menos que Jesucristo, el Señor, quien marca el paso del peregrinar del Antiguo al Nuevo Testamento, porque finalmente, el Anunciado, de modo pedagógico y existencial por los profetas, se hace hombre, se encarna en una mujer pobre, tal cual fueron los profetas, elegidos para anunciar un mensaje, ser mediadores entre el mundo y Dios.
Si analizamos la Anunciación (Lc. 1, 26 – 38), el Ángel Gabriel, el enviado - mediador, revela a María el proyecto divino, nuevamente media un servidor para entregar este conocimiento. No es Dios, sino un mediador que lleva su mensaje, que da este hermoso llamado a la maternidad y a ser la madre del Salvador; en segundo lugar, se revela a una mujer pobre, adolescente, que confía en su Dios, tal cual el buen maestro es capaz de ganarse al estudiante, en todos los aspectos de su vida; en tercer lugar, esta mujer es una ignorante, quien se acerca al conocimiento divino, analfabeta y marginada de la sociedad, tal cual era una mujer pobre en Palestina (paradójicamente esta situación no varía mucho hasta el día de hoy), pero la intencionalidad del contenido es revelarse en los pobres, porque ellos son los elegidos, tal cual lo manifiesta Lucas, “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y poderosos y se las ha dado a conocer a los humildes e ignorantes”, (Lc. 10, 21 – 24). Este acto es similar a la propuesta de Freire: es una pedagogía integradora, donde todos tienen espacios, donde todos participan, un espacio democrático y participativo, donde todos los involucrados son protagonistas del conocimiento y la palabra, y gracias a ella, tal cual lo hizo Jesús, son capaces de cambiar el mundo y las injusticias sociales.
Desde Dios pedagogo, quisiera resaltar su propio método dialógico, donde la palabra es vital, reveladora, bidireccional, directiva y elocuente. El Verbo se encarnó entre los pobres, la palabra se hizo vida, el diálogo se hace presente, tal cual hoy la palabra sigue siendo vital en la educación, pero no sólo ella sino la interpretación significativa del Verbo y la palabra. Él mismo Dios pone mediadores entre su palabra y el conocimiento, para que sea facilitado a todos, como una mirada inclusiva y no excluyente de la educación y la religión.
Juan Carlos Alvial, Profesor de Filosofía, seis años de docencia.