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Mucho se habla se la incorporación de las tecnologías a la educación, tanto al ámbito de la enseñanza-aprendizaje como al de la administración del centro escolar. En este momento me quiero referir a los fundamentos de esta incorporación, específicamente en el su presencia en el proceso de Enseñanza-Aprendizaje.
Antes de entrar de lleno en el tema, es necesario establecer cuál o cuáles son las funciones de la escuela y de la educación en la sociedad. Para Guerrero Serón, la educación cumple con cinco funciones, entre las cuales destaco:
Estas dos funciones están íntimamente ligadas a la incorporación de las tecnologías en la educación. Si observamos nuestra sociedad constatamos que vivimos en una sociedad profundamente marcada por la presencia de la tecnología en todos sus ámbitos y que afecta radicalmente nuestra forma de trabajar, informarnos, entretenernos, relacionarnos, entre otros aspectos. A la luz de esta constatación, surgen dos consecuencias que se convierten en argumentos de peso para la incorporación de la tecnología en la educación[1]:
A la escuela, por lo tanto, le corresponde adaptarse a estas dos características de la sociedad y asumirlas para poder responder a las funciones señaladas anteriormente. En una sociedad “rodeada” de tecnologías de la información y la comunicación que son frecuentemente utilizadas por los niños y jóvenes, en la cual se observa que para ellos se han vuelto invisibles[2], la escuela debe ir adaptando los medios al aula y, al mismo tiempo, ir adaptando el currículum a las posibilidades que ofrecen. Y, además de lo anterior, la escuela deberá preparar a los más jóvenes de la sociedad en aquellas habilidades que le son propias a una economía centrada en el Conocimiento. Dicho de otra forma, si ya la escuela debió ajustarse a los procesos productivos de la revolución industrial (Hacia Las Sociedades Del Conocimiento, p. 32), deberá ahora ajustarse a los requerimientos productivos propios de la Sociedad del Conocimiento.
Así, la incorporación de las tecnologías no responde sólo a una moda o a perspectivas tecno-educativas, sino al deseo de adaptarse y cumplir de mejor forma con funciones que le son propias, siempre en miras del aprendizaje de los estudiantes.
Bibliografía
Drucker, P. F. (1971). The Age of Discontinuity: Guidelines to Our Changing Society. London: Pan Books.
Guerrero Serón, A. (1996). Manual De Sociología De La Educación. Madrid: Síntesis.
Hacia Las Sociedades Del Conocimiento: Informe Mundial De La UNESCO. (2005). . Paris: Ediciones UNESCO.
La imagen ha sido obtenida desde www.elporvenir.com.ar
[1] Por supuesto que hay otras, pero en este momento deseo centrarme sólo en ellas.
[2] A diferencia de buena parte de los adultos, los niños y jóvenes asumen como natural la presencia de la tecnología, es decir, para ellos son invisibles.